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Un día difícil.

Foto del escritor: Fernando Helguera
Fernando Helguera
hace 9 horas
3 min de lectura

¿Quién en su sano juicio quisiera vivir todos los días, como el día de su muerte?


Les daré, queridos lectores, algo de contexto: El 74% de la humanidad tiene internet y de este porcentaje usa redes sociales el 70%, lo cual se traduce en que el 52% de la humanidad usa redes sociales. Nunca antes existió tal muestreo estadístico para estudiar el comportamiento humano. Claro, hay un sesgo, ¿qué tanto una persona se comporta igual en las redes sociales que en sus interacciones en persona? No los mareo con más porcentajes pero, según lo que leí, la gente es más agresiva y negativa en la vida real que en las redes, con todo y todo. Y más aún si pueden mantenerse en el anonimato… se dispara al doble.

¿A que voy con todo esto? Hoy regresaba caminando desde el centro, luego de la presentación de un libro, cuando al pasar frente a la puerta de una vinatería salió un hombre abruptamente y casi me atropella. Él no se dio cuenta porque venía en el drama total. “No puede ser, ¡qué día más difícil!” exclamó mientras manoteaba en el aire, alejándose hacia el sur con pasos largos. Me asomé adentro y alcancé a ver a una chica con cara de confusión atrás de la caja registradora, así que me metí unos pasos y le pregunté si estaba bien. Se rio y me contestó que sí, que el señor se había puesto mal porque simplemente no vendían jugos, sólo vinos, que era su especialidad, ni siquiera fuertes. ¿Por qué el hombre no se cruzó a la acera poniente, donde hay una tienda de abarrotes muy visible, a comprar su jugo?

En ocasiones me sorprendo por mis pensamientos diciéndome cosas negativas después de no haber dormido bien: “Estoy mal” u “hoy está fatal”, pensamientos así de simples e instantáneos que se acompañan de una emoción en el estómago y pecho, igual de instantánea pero que deja resaca. Me imagino que esto, de una u otra forma, sucede a todas las personas, con la diferencia de que, viendo y preguntando, he notado que es poco común el trabajo que yo hago de observarlos y dejarlos ir, para poner de frente pensamientos de las cosas que me emocionan y cómo conseguirlas de forma inmediata. Sinceramente, me gusta el calor que me sube por el pecho, cuello y mejillas cuando estoy exultante y agradecido, así que es una práctica que ejecuto a diario aunque no haya pensamientos negativos de por medio.

Somos víctimas de nuestros enojos y malas actitudes. Recuerdo que, en la infancia, un vecino se enojó mucho, nos gritó y se quedó con nuestro balón porque se nos ocurrió usar su garaje de portería. Acto seguido conseguimos un costalito y lo llenamos de excremento canino que recogimos en los camellones, dejando una capa de periódico hasta arriba; luego lo pusimos afuera de su puerta principal y le prendimos fuego mientras tocábamos el timbre. Nos ocultamos tras un auto para ver cómo al salir y ver el costal con fuego, lo pisaba repetidamente para apagarlo. De haber sido amable, seguramente el final habría sido otro. Sin duda se le puso más difícil el día.

Pero ¿qué tan dispuestos estamos a dejar de simplemente quejarnos por los gobernantes, por los bancos, los prestadores de servicios, por las malas actitudes del vecino, y por todo lo demás que nos hace vivir un día difícil? Y no me refiero a ir felices a lavar nuestro pantalón luego de brincar en un costal de excremento, o a ese positivismo de incapaces mentales, sino a realmente responsabilizarnos de nuestras acciones y reacciones para que nuestros irrepetibles días no sean difíciles para nosotros y para los demás, sino lo más chulos posible. Dicen que hay que vivir como si hoy fuera el último día… újule, qué ansiedad, yo prefiero vivir como si fuera el primero, listo para sorprenderme por ver las cosas como si fueran nuevas y apreciarlas en su dimensión real, sin prejuicios. ¿Quién en su sano juicio quisiera vivir todos los días como si fueran el día de su muerte?

No nos dejemos engañar, ni por los demás ni por nuestra mente, las cosas y las personas no son buenas ni malas, son lo que son y nosotros las etiquetamos para sentir que las entendemos. Paradójicamente, al etiquetarlas es cuando dejamos de entenderlas. Algunos lectores me retiraron el habla porque les ofende lo que escribo aunque no sea en contra de nadie, pensaba que eran mis amigos. Cuando sucedió eso ¿fue “un día difícil”?

 
 
 

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