Hablando del colapso social...
- Fernando Helguera

- 13 jun
- 3 min de lectura
“Colapso, hermano, ¡ya eres mexicano!”

El otro día en el chat de grupo de mi generación del Colegio Madrid, un compañero subió un artículo de su revista que da a entender que estamos al borde del colapso social, lo cual suena muy alarmante. Dado que he leído buenos artículos en esta revista y está hecha profesionalmente, me sentí muy intrigado por algo de ese tono y pregunté qué significaba, aunque sé que llanamente significa el desmoronamiento a gran escala de una sociedad o civilización, que deviene en un nuevo orden, y en muchos casos es a través de violencia descontrolada y sangre.
Acabé de leer el artículo y me encontré varios comentarios, algunos haciendo ver que ese título estaba fuera de lugar por que confundir los conceptos así genera más caos intencionalmente, y otros diciendo que hay que entender su uso retórico, metafórico y deliberadamente inexacto; también justificaciones como la de usar la intención periodística, cosa totalmente válida. Sin lugar a duda la definición que más me gustó leer en ese chat, fue: “Colapso es un rato que pasamos juntos”.
Todo lo anterior me dejó pensando que hoy en día el uso retórico se da por válido para expresar una forma de pensar, aunque la inexactitud sea grande y, posiblemente, poco conciliatoria. El fin justifica los medios. Ya está en uno creerse o no lo que lea en las redes, y ensalzar una postura u otra. Las cosas ya no se pueden llamar por su nombre porque es políticamente incorrecto, o porque no conviene, y se les reasignan palabras de moda y sin mucho sentido, aunque floridas y con harta azúcar. Como a mi mujer y a mí nos gusta hablar de estos temas, le estaba platicando durante la comida y, por querer opinar, se le atoró una semilla de chile en la garganta ¡una barbaridad! Sufrió un colapso social en el cogote que la dejó sin palabras y no paraba de lagrimear. Analicé desde la perspectiva de género y el uso correcto de un español suave, cómo ayudarla a no ahogarse, así que ya saben: ”mira al pajarito ¡no, hermosura, al de acá arriba!”, caricias en la espalda, vasos de agua dietética, “¿estás bien o decreto tu bienestar?”, en fin todo lo que aprendí de primeros auxilios caseros durante mi vida. Afortunadamente las hordas incendiarias desaparecieron de su garganta.
Dentro de temas que seguíamos hablando, una vez recuperado el oficialísimo orden social, tocamos el de la desunión que nos caracteriza como mexicanos. Podemos observar en la historia reciente que E.U.A. llega a tener tanto poder porque, en su base, ganara el partido que ganara, todos iban por el mismo objetivo aunque fuera por distintos caminos… apropiarse de los recursos de otros países y ser potencia económica y militar. ¿Por qué nosotros, en vez de apoyar las iniciativas del gobierno en turno aunque no nos caigan bien, nos empeñamos en sabotear lo que hacen con el dinero de nuestros impuestos?, ¿no vemos que es como darnos un colapso social en el propio pie?
Más nos valdría unirnos como compatriotas, con la misma algarabía y buena voluntad que recibimos a los extranjeros “Colapso, hermano, ¡ya eres mexicano!”. Así como ansiamos mostrarles nuestras sonrisas y virtudes, hacer lo mismo entre nosotros y después hacer que el gobierno en turno trabaje como le toca. Divididos no lo vamos a lograr; sería naíf pensar que esa polarización es reciente, los grandes recordemos y los chicos lean, esa polarización se ha venido refinando desde hace siglos. La desigualdad propiciada por la codicia y el poder es nuestro talón de colapso social; de ahí surgen el abuso, la corrupción, el oportunismo, el entreguismo y demás males. Basta con preguntar: ¿quiénes se benefician de que peleemos entre nosotros por diferencias futbolísticas, religiosas, políticas, étnicas o ideológicas? A ellos son a quienes no hay que prestar oídos.
Para acabar quiero decirles que soy feliz de que en este grupo se toquen temas álgidos (cosa que sucede muy poco) y todos sigamos siendo amigos, a eso nos enseñaron desde chiquitos en nuestra escuela: aprender del punto de vista ajeno. Ahora sí los dejo porque me va a agarrar el colapso social de la salida de las escuelas, y no quiero ver sangre correr por las calles.



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