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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DE SANTOS Y DEMONIOS

Para mis lectores soy escritor, pero los literatos me ven como analfabeta.

Hace dos días tomaba un mezcal y me vino la duda de si eso me hace ser mediocre, ya que ni soy abstemio, ni soy borracho. ¿Es demasiado simplista definirme como mediocre por algo así?, pero además no puedo asumirme en tal posición pues desde chico me enseñaron que la mediocridad es indeseable, detestable, reprochable, y muchas cosas más, todas negativas. Sería impensable ir por la calle y escuchar cosas como “¡Qué hombre tan mediocre, que suerte de la mujer que esté con él!” o “Papacito, me excita ver que eres alguien taaan tibio”, o “Disculpa ¿me puedes invitar un café? Es que no me atrevo a invitártelo yo para que no pienses mal de mis intenciones.”


Como por arte de magia, me llegó la conjetura de que es todo un truco para distorsionar la imagen que tenemos de nosotros mismos, y para que no queramos estar en nuestros zapatos, ya que prácticamente todos estamos en la zona de en medio, aun cuando seamos muy trabajadores y luchones, y vayamos saliendo adelante. Me cruzaron las siguientes observaciones:


Para los fresas soy demasiado jipi, pero para los jipis soy demasiado fresa. Para los jóvenes soy un rucazo, pero para los viejos soy jovencito. Para los homosexuales soy todo un hombre, pero para los machos recalcitrantes soy medio puto. Para los pobres soy bastante rico, pero para los ricos soy miserable. Para los de poca estatura soy un grandote, pero para los que sí son altos soy un chaparrín. Para los que son sedentarios tengo un cuerpazo, pero para los deportistas de alto rendimiento, soy un gordo fofo. Para los feos soy bastante guapo, pero para los modelos, estoy rete gacho. Para los tontos soy sumamente brillante, pero para los verdaderos genios, soy medio estúpido. Para los ignorantes soy culto en alto grado, pero para los intelectuales, rebuzno. Para la gente de piel oscura soy “güero”, pero para los blancos rubios, estoy muy prieto. Para la gente seria soy muy gracioso, pero para los cómicos y humoristas, soy aburrido a morir. Para mis trabajadores soy poderoso, para el sistema soy un títere más.


Podría seguirme de frente pero ya la idea está dada. Soy un mediocre hecho y derecho, aunque sé que soy único. Veo que mi obligación de salirme de la zona de en medio es irrelevante; si no me convierto en santo o en demonio, quedo en la zona de la mediocridad. Para salir de ahí he de estar dispuesto a vivir como la madre Teresa, o como un Charles Manson. ¿Hay alguien aquí que esté dispuesto a dejar absolutamente todo para ayudar a los necesitados? Por favor manifiéstese quien tenga en mente salir a la calle a violar menores y matar desconocidos. Háganlo por correo electrónico y no corra riesgos, estimado lector.


En lo que llegan sus correos, santos y demonios, les digo mis reflexiones finales: Ni tengo que pavonearme de mi superficialidad, ni tengo que oler a pachuli. No tengo que vivir con la arrogancia y la inseguridad de la juventud, pero todavía recuerdo qué hice ayer. No he de soportar insultos por amar a quien ame, ni tampoco dejo de decir a mis amigos hombres cuánto los quiero. No vivo para mantener mi estilo de vida, ni muero de hambre. No me doy en la cabeza con todo lo que me rodea, ni paso sin ser visto. No me preocupo de comer pan dulce, pero tampoco de ponerme muy atlético. Me vale un pepino que nadie me voltee a ver por feo o por guapo. No necesito esforzarme para entender lo que leo, ni para competir por ser el más listo. No me discriminan por negro ni por blanco. La gente me toma en serio, pero no tanto. Dirijo mis obras, pero no el país…


Es muy claro para mí ¡LA MEDIOCRIDAD ES EL PARAÍSO! y aquí estamos casi todos. Si nos dicen que el paraíso está tras la muerte, o que está en los límites de nuestras posibilidades, nos mienten para que nos vayamos de él y les dejemos el espacio libre. No aflojemos. Yo me quedo aquí con la bebida que he estado consumiendo desde el principio de esta Obviedad, que representa, según el dicho, a la mediocridad: para todo mal, mezcal, y para todo bien, también.

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