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  • Fernando Helguera

NUESTRO SISTEMA INMUNE

Y su trasfondo inmonetario internacional.


Es sabido que el mexicano cuenta con un sistema inmune y particularmente fuerte, aunque hay algo que, por el contrario, no es conocido por la mayoría del mundo con respecto a este tema; es algo no patentable y por eso no habrá tenido la difusión de esperarse alrededor del Orbe.


No estoy hablando del secreto que se guarda de cómo es que podemos tragarnos tal cantidad de insectos, repugnancias, microorganismos e inventos (todo esto con la cantidad más variada de ensalzamientos multicolores), sin caer colapsados de inmediato. Tampoco me refiero a un conocimiento milenario que nos permita caminar por las calles, bien arrimaditos, cuando la muerte acecha en cada rincón, planicie y esquina. Mucho menos se aborda la temática del aura de protección que nos da, ser el país del futuro despertar espiritual. Dicen que aquí inicia la nueva era.


Si el amable lector cree que en este párrafo comienza la develación del secreto, se equivoca. Aquí no estamos sino para charlar un rato a cerca de lo que es obvio y preferimos ignorar. Primero, no estoy hablando de secreto alguno sino de una obviedad no conocida; ignorada. Segundo, tenemos que ser un poco más serios si queremos que estos escritos lleguen a alguna parte.


Nuestro sistema inmune nos da la tranquilidad de confiar en amuletos y totems que nos mantendrán alejados de la corrupción de cuerpo y mente, por enfermedad. También nos da la ventaja de poder ir a cualquier fonda cuando el resto del mundo está aterrorizado dentro del closet, esperando la desaparición de ese agente asesino y microscópico que espera en la habitación. Igualmente nos habilita para hacer marchas sin reales consecuencias en tanto a sus objetivos; si acaso hay mermas humanas tienen que ver con el sistema inmune y nunca con un agente externo.


Levante la mano quien me sigue por favor… eso ya la pueden bajar. La fortaleza de nuestro sistema inmune proviene de muchas fuentes, como puede ser toda la tierra que nos ha tocado tragar, querámoslo o no, desde chiquitos; los bichos con que nos hemos encontrado desde la tierna infancia y que se han dedicado a chuparnos la sangre de a gotitas; la capacidad de adaptación que tenemos pues nuestro sistema cambia de izquierda a derecha, arriba a abajo, al centro y pa’dentro (invariablemente), conforme se mueva el viento y así sigue siendo inmune; la cantidad de parásitos a los que nos hemos visto expuestos, lejos de hacerlo aminorar, lo han fortalecido cual vacuna.


Volteo a ver a Canadá, Estados Unidos, Europa, Australia, Japón y otras civilizaciones, que no pueden creer la manera en la que nos comportamos aun cuando tenemos tantos riesgos en nuestra contra. Tontos o no, buscamos la forma de reírnos, claro, pues eso es lo que nos mantiene vivos y siempre dispuestos a tomar una cerveza, aun cuando nuestro mal haya sido por las propias elecciones. Pareciera que no lo sabemos, que reírnos de la tragedia y seguir aguantando, mantiene particularmente fuerte a nuestro sistema inmune. Es como si actuáramos víctimas de la idiotez o la negligencia, pero no… la verdad es que es lo más cómodo, seguro y divertido. Para qué moverle.


¡Exacto! No hay mucho más que decir: podemos sentirnos orgullosos de tener un sistema tan fuerte, tan único, tan inmune, como el sistema político mexicano. ¿Creíste que hablaba de otra cosa? Eso puede pasar cuando uno está encerrado por mucho tiempo, oyendo noticias de virus y del sistema inmunológico, pero aun así pido disculpas por no ser más claro. Concéntrense ahora.


Regresando al tema: nada es capaz de destruirlo. Presidentes guapos y feos, listos y tontos, azules y rojos, narcopresidentes y presidentes piadosos, de corte sajón o de aspecto playero, jóvenes y viejos, lo han intentado someter pero ninguno ha podido con él. El día en que los países del mundo se desorganicen y dejen de echarnos montón, entonces pasaremos a ser imperio; la buena noticia es que sabemos que en la actualidad, esto puede suceder la semana que viene. Sin duda este sistema político inmune, “nos viene como anillo al dedo”.

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