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  • Fernando Helguera

NUESTRO SEXO

Cada quién con su cada...


Al respecto, todo mundo tenemos algo qué opinar, qué desear, qué reprimir, qué presumir, que esconder… y siempre habrá algo que nos falte por descubrir. Primero es importante que el lector no tenga grandes ilusiones sobre este escrito; es sabido que muchas expectativas podrían causar una estrangulación precoz de nuestras ideas, o algún tipo de disfunción herética en que la regla establecida de llegar al clímax se vea violentada. Gran parte de la gente en México siente culpa por practicarlo si no va de la mano de un anillo o documento oficial, y están dispuestos a juzgarlo.


Bueno, entrando en materia, en la mañana de anteayer llegué al consultorio de mi dentista y me vi en la necesidad de llenar un formulario. Todo iba muy bien mientras los espacios por llenar eran NOMBRE, EDAD y OCUPACIÓN, pero las cosas se pusieron un poco raras después (muy inquisitivas). Me cuestionaron si he estado con alguna(s) persona(s) en los últimos 14 días. Si habíamos tenido contacto físico, si vivo con ella(s), si el contacto fue en algún lugar público… y como era de esperarse, apareció un espacio más que decía: SEXO. En ese minuto noté que quien me había entregado el cuestionario, tenía cara de no ser a quien quiero responder esa pregunta.


No me quitaba los ojos de encima. Por favor, quiero que el lector, antes de asumir cualquier cosa, sepa que no estaba yo presentando una aplicación para participar en una película de adultos. Sí era mi consultorio dental acostumbrado, aunque una nueva recepcionista. Ante tal escrutinio sentí que mi mano que sostenía la pluma se llenaba de sudor frío. Tendría qué hacer algo antes de que el papel se mostrara húmedo, y me hiciera pasar un mal rato frente a esa señora. Entonces me propuse una primera posibilidad de respuesta: “Escaso” o “Frecuente”, pero me pareció que no era lo que se esperaban de mí, pues al final eso puede ser intrascendente o presuntuoso.


Entonces me dije, “Satisfactorio” o “Frustrante”, categorías que realmente podrían determinar mi estado de salud, y posibles desviaciones a mi dentadura por morderme las uñas o por rechinar los dientes de ansiedad. Noté que la impaciencia de la recepcionista crecía, lo que me hizo reaccionar; la primera le causaría envidia y rencor, y la segunda, la pondría feliz de mi tragedia.


Decidí entonces cambiar la estrategia: “Tradicional”, “Limpio”, “Cochinón”, o “Francamente Sucio”, pero eso es ir demasiado lejos, pues tampoco estoy para que me generen una crisis de la mediana edad, que tan heroicamente he podido evitar, con posibles reacciones moralistas de rechazo o aprobación. Cada quién tiene derecho a las prácticas que acuerde con su(s) compañero(s).


Bien, mejor sería decantarme por una línea menos comprometedora “Poético” o “Narrativo”, pues no cabe duda de que no hay como las palabras que son dichas en el momento de la máxima intimidad. Miré los ojos de mi inquisidora, a través de sus lentes rectangulares muy horizontales y delgados, enmarcados en un par de cejas altaneramente levantadas. No, definitivamente tampoco era el tipo de persona que fuera a entender acerca de estas sutilezas.


Opté por ser más simple e indulgente, y abordar el tema desde otra perspectiva: “Intelectual o “Espiritual” o “Carnal”. De inmediato afloró el conflicto sobre la unidad humana de mente-cuerpo-alma. No podría experimentarse el uno sin el otro. No era entonces un rango válido de respuestas.


Por un lado, la morbosidad de la mujer, por el otro lo bochornoso del tema, y más allá, la cantidad de tiempo ya invertido hasta el momento, me hicieron tomar el papel y decirle que había recordado tener una cita urgente, y que regresaría el lunes en la mañana con el cuestionario lleno y firmado, y dispuesto para mi revisión dental. Ahora que me encuentro en esta labor quisiera saber si alguno de ustedes que, como ya vimos al principio, seguro algo tienen qué opinar ¿me puede echar la mano para responder correctamente?

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