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  • Fernando Helguera

NUESTRO PRIMER AMOR

¿Cómo olvidarlo?



Sin duda el primer amor es inigualable por todo lo que nos trae en la vida. Tengo dos hijas adolescentes, es decir, que están en la época en la que la mayoría de las personas viven su primer amor. El otro día preguntaba a una de ellas si ya había conocido a alguien que “le moviera el tapete”. Sin importar su respuesta encontré que es posible que estemos evolucionando, al grado de que el sufrimiento intrínseco del primer amor (el recibido y el infligido), hoy sea sólo accesorio.


Imagino cómo sería si hoy tuviera treinta y cinco años menos, y estuviera conociendo a quien fue mi primer amor. En aquel entonces me enloquecí y no sé si quisiera volver a hacerlo así. Pongamos en contexto las situaciones, por medio de una comparativa.


Mi primer amor, 1980’s: Él en un día de vacaciones de verano, sale de darse un baño y camina en toalla hasta su recámara, para encontrarse con que, en su cama, está sentado uno de sus amigos más cercanos, con Ella al lado. Los presenta. Se vuelven locos al verse. Él, sin saber qué decir por la sorpresa, suelta la toalla que rodea su cintura y la deja caer. Ella, que veía la desnudez (antes parcial) de su torso, ahora lo mira a los ojos y así Él sigue sin notar que la toalla está en el piso. Se enamoran.


Se ven diario, caminan el Parque México, la Condesa, la San Pedro de los Pinos, y les da igual dónde están; sólo existen ellos en el mundo. Vuelan con el primer beso y descubren las caricias candentes. Prometen amor eterno y se imaginan juntos hasta la vejez, en una mesa larga poblada por sus descendientes. Hacen el amor por primera vez y no hay cosa igual.


De forma inevitable aparecen los celos, la frustración de no entenderse ni a sí mismos por el desorden hormonal de la adolescencia. Experimentan cosas que no les gustan del otro. Después de un tiempo, se han traicionado de distintas formas, todo en aras del aprendizaje. La pareja sufre un quiebre de alto contenido emocional fuera de la casa de Ella, donde Él no volverá a pararse, sólo después de pasar frente a la casa de su amada, días y noches de frío, lluvia y sol ardiente.


Mi primer amor, 2020: son las vacaciones de verano, acabando el año escolar en-línea. Él se mete a una red social de citas (responde que sí es mayor de edad) y selecciona en el menú a la chica de sus sueños. Él también ha sido elegido en el menú. ¡Se encontraron! Pero no, Ella es transgénero y Él, durante la semana anterior decidió que le iban a gustar las mujeres. Reinicia la búsqueda con nuevas esperanzas, pues hay que vivir la experiencia por sobre todas las cosas.


Una vez que armó su agenda de posibilidades, chateó con varias hasta encontrar a la mujer perfecta para Él. Ella parece ser la misma en todas sus fotos ¡y se ve tan sexy con esos modelos de cubrebocas! Visitan aplicaciones en que aparecen juntos en lugares ficticios, prometiéndose ser ellos y no su avatar. Tienen “sexting” apasionado, cada uno en su cuarto, pues se quedan en casa.


Usan filtros de diferentes edades (juntos a los 20, 30, 50, y hasta la vejez), se dan cuenta que es inútil vivir siempre con la misma persona. Hay que conocer otros cuerpos y otras formas de pensar, íntimamente. Ya han peleado varias veces porque a Ella no le gusta que juegue en línea con sus amigotes y además vea porno. Él no soporta que vaya diario de compras a los portales. Truenan por mensaje de texto, y quedan en no visitar las mismas redes sociales en seis meses. No hay drama.


Se podría decir que lo que sucede hoy es un escándalo. ¿Dónde quedaron las emociones?, ¿y el romanticismo?, ¿y todas aquellas bofetadas en tiempo real? La pareja de los siglos XIX y XX, está desapareciendo. Ceder y tolerar quizás no sea la respuesta para tener compañía en la vejez.


Los dejo ahora, voy a revisar mis redes de citas a ver si ya llegó ese nuevo-primer-amor a mi vida; tengo una gran sesión de fotos que me saqué en la semana. ¡Seguro que las de la toalla cayendo serán un éxito! Pues algo muy cierto es que hay cosas que nunca cambian.

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