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  • Fernando Helguera

NUESTRA RAZA

Actualizado: 11 de oct de 2020

¿Quién nos hace compadres?

12 de octubre, fecha enigmática que encierra interrogantes, hasta el momento irresolubles. Así como hoy el sincretismo continúa siendo elemento fundamental de nuestra evolución social, pareciera que nuestros orígenes y rasgos más puros, se desvanecen. En las escuelas se celebran el día de acción de gracias, la noche de brujas, y hasta el día nacional de la pizza (7 de mayo, para que se pongan vivos), pero el día de la raza ya no tiene importancia. Seamos sinceros, todo sincretismo ha traído sangre y sin ello no existiríamos ni el lector ni yo. El que quiera, que festeje su existencia.


Misteriosamente, orgullosos como somos de nuestra mexicanidad, el día de la raza ya ni siquiera es conocido por muchos de nuestros pequeños engendros. Cristoforo Colombo (así sin acento), ilustre genovés que diera origen a tal festejo, ha de estar un poco triste en el más allá por el olvido en que ha caído. Aunque ahora hay un sinfin de personas que lo están haciendo renacer y cobrar nueva fama, como genocida. ¿No hubiera sido mejor dejarlo donde estaba?


Pasando por el Monumento a la Raza, en la CDMX, conjeturé que la razón de tal omisión sería lo confuso que resulta su simbolismo. ¿Cómo perduraría un festejo que no sabemos de qué trata? Es una pirámide prehispánica con un águila en la cúspide que devora una serpiente; pareciera que el 12 de octubre se festejara nuestra raza local originaria, y no el inició de la desaparición de la misma, por aniquilación o por mestizaje. ¿Celebramos la llegada de los españoles, o su ausencia?


Ahora, cada fecha importante tiene colores emblemáticos, la blanca navidad, la tricolor independencia, los naranjas y morados para día de muertos, el rojo de San Valentín, el rojinegro del día del trabajo… El día de la raza no cuenta con ese distintivo. Bien podrían las autoridades (encargadas de mantener la solidez de nuestra identidad nacional) decidirse por uno o varios colores. Pensé en proponer vestimenta café cobrizo (como la piel morena), pero no faltaría el policía cegatón que arrestara a festivales enteros por parecerle que van desnudos. Otra opción serían los colores de la bandera española, con el riesgo de levantar en armas a los nacionalistas. En realidad, es un problema difícil de resolver; veamos si se devela, por si misma, la solución más adelante.


No terminaba de cerrar mis ideas cuando escuché un grito desde el exterior de mi auto: “¡Pinche indio!” le decía un digno representante de la raza nacional ancestral, a un taxista que físicamente parecía su hermano (o cuando menos su primo). Caí en cuenta de la manía, aún vigente, de tantas familias que rezan porque el nuevo bebé sea rubio de ojo claro. No les importa que eso fuera clara evidencia de una infidelidad, ya que nadie en el árbol genealógico de los últimos cinco siglos cuando menos, contase con tales características físicas. El supuesto padre estaría orgulloso y buscaría en su imaginario algún pariente que justificara tal cromática, como el tío casado con la prima segunda de su madre, de nombre Kevin, Marconi, Jean Paul o algo similar.


¡Eureka! Es evidente: el 12 de octubre se festeja la raza aria. El tal Cristóbal pertenecería a un incipiente esfuerzo del movimiento nazi, surgido en la mismísima cuna del renacimiento europeo. No sería de extrañarse que su nombre verdadero fuera Cristobadolfo o Cristofodolfo, y por su difícil pronunciación, haya llegado a lo que es hoy; no podemos negar que el apellido Colombo es algo sospechoso, pues discrimina a 4 de las 5 vocales con que cuenta el alfabeto. La relación estrecha entre Italia y Alemania en el siglo XX parece no ser una coincidencia ¿Complot acaso?


Estamos en un momento coyuntural: por un lado, podemos dejar que el día de la raza acabe de desaparecer en aras del nuevo mexicano, quien regatea a un artesano que malbarata su trabajo por necesidad, pero paga fortunas por productos industriales e importados, en tiendas de prestigio. Por el otro, podemos hacer una marcha para la aprobación del amarillo, rojo y negro como los colores a utilizar, exigir que pinten de blanco toda escultura que represente personajes de origen náhuatl, maya, mixteco, etc., y lo más fácil, ese día sólo permitir como bebida familiar, la cerveza.

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