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  • Fernando Helguera

NUESTRA MAGIA

Siempre tendrás, bajo la manga un as.


“México mágico”, qué alentadora frase ¿a poco no? Estoy viendo un video de seguridad de cómo a un tío le acaban de esfumar una cámara fotográfica costosísima, como por arte de magia. Ahí se ve todito el truco, y ni con eso hay forma de atrapar al artífice. Pero la magia no sólo se trata de desaparecer cosas ajenas, sino de ver las cosas sorprendentes que nos rodean a diario.


La magia se encuentra a la vuelta de la esquina, pero el haber nacido dentro de este medio místico-mágico-tradicional nos hace perder perspectiva. Hagamos, queridos lectores, un ejercicio de despersonificación: se trata de ver nuestros propios recuerdos como si alguien nos los estuviera relatando. Tenemos que ser cuidadosos en la elección del ambiente donde nos imaginaremos, pues no es lo mismo que nos cuenten una historia a la luz de una fogata, que cuando estamos listos para dormir en camita, o que nos la chismeen en el café.


Una vez elegido el mejor sitio dentro del imaginario personal, podemos empezar con este ejercicio revelador. Por supuesto, yo sólo puedo mostrar aquí mis recuerdos, pero siéntanse libres de mandarme los suyos si el mágico caso lo amerita, al correo que se indica al pie de página.


Recuerdo primero: Una noche por los camellones de la colonia Condesa, me encontré con una montaña de zapatos más alta que yo (en ese entonces, yo medía cerca de un metro y medio). Una persona buscaba sin parar y le dije que me parecía como un juego de memoria, encontrar el par. Me dijo que buscaba una llave, que se le había caído ahí, pues buscar un par de zapatos en esa montaña no tenía ningún sentido, ya que todos los zapatos ¡eran para pie izquierdo!


Recuerdo segundo: Un vecino nos quitó el balón porque golpeamos su puerta jugando al futbol. Recogimos mierdas de perro por las calles, hasta llenar la mitad de un costal, y lo colocamos frente a su puerta con la segunda mitad llena de periódico. Les prendimos fuego justo antes de tocar el timbre. Abrió y, al ver la lumbre, pisoteó el costal con fuerza para apagarlo. ¡Abracadabra!


Recuerdo tercero: En la adolescencia mi amigo el Tribilín me encargó una bolsa para llevar a la fiesta; mágicamente me vi con dos paquetes de medio kilo de mariguana cada uno, en las manos. Era tarde: él se había ido y ya no podía negarme, así que los atoré en los forros de mi chamarra y partimos. En el camino nos paró la policía, por portación de rostro, y nos bajó del auto para catearnos. Me quité la chamarra y la puse en el techo de la patrulla, apoyando mis manos ahí mismo y abriendo las piernas como se debe hacer. Me revisaron sin encontrar rareza alguna, así que tomé mi chamarra, me la puse y me subí al auto para retirarme… cosas que aparecen y desaparecen.


Recuerdo cuarto: Llegué a casa del acaudalado verdulero del pueblo donde vivía, pues quien sería mi segunda esposa era invitada por él, todos los días, a conocer su mansión. Me pidió ir con ella para que la dejara de moler. Era una construcción enorme y amorfa, donde nos abrió él mismo (viéndome feo). En el centro del vestíbulo había una gran vitrina cuadrada con cancelería y base de oro, que contenía la escultura de mármol de Carrara de un tlatoani azteca con taparrabos y penacho… ¡Pero era nuestro mismísimo anfitrión! Caramba, ¡la realeza a la vuelta de la esquina!


Recuerdo quinto: Construyendo una casa me preguntó un albañil si podía hacer una idea que se le había ocurrido para un muro. Le dije que lo hiciera en el fin de semana y, si gustaba al cliente, yo le conseguía un bono, si no, lo volvería a hacer sin cobrar y yo pondría el material. El lunes temprano tenía frente a mí un raro tejido de piedra, solera de barro, teja, tabique trozado, adobe… ¡Era el Tepozteco con un ovni descargando unos marcianos en la cima! Aprobado. Magia pura.


No se diga más, si no quieren darse cuenta de que estamos sumergidos en magia, no pueden responsabilizar a nadie más de que algo se les esfume. Por el momento yo me desaparezco para materializarme en una reunión donde no fui invitado, pues siempre tengo un as bajo la gorra.

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