La mascota del mundial.
- Fernando Helguera

- hace 6 días
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No te hagas pato, perrrrrro...

El otro día me llegó un meme con la pregunta ¿Qué mascota del mundial será la más recordada tras los años?, ¿Zayu el jaguar, el pato Merlín o la perrita de Trump? El primero caerá en el olvido por insípido, es más, ¿quién de ustedes se sabía el nombre? Yo tuve que buscarlo para ponerlo aquí. El duelo está entre los dos últimos, uno nace de la inocencia y el fanatismo mexicanos por el fútbol, siempre muy colorido, y el otro nace de la picardía y el fanatismo mexicanos por el insulto al prójimo, también muy colorido. Ambos hablan de la realidad mexicana, el primero no.
Obviamente el gobierno se muere de ganas de apropiarse de ambas mascotas, pero ni modo que lleven a la perrita de Trump a la mañanera y le hagan cariñitos, seguro que muerde a nuestra flamante presidenta enfrente de toda la nación y le pega la rabia, así que mejor haber invitado al pato Merlín y hacer el asunto más amable y familiar. Esto que parece ser una anécdota superficial habla de una realidad mucho más profunda en cuanto a la representación de la idiosincrasia mexicana. El pato Merlín representa a esa parte querendona, al que se pone la camiseta sin importar la diferencia de especie, al lado blanco y tierno de nuestra existencia, al mexicano que es querido en todo el mundo. La perrita de Trump representa a nuestro ser torcido y corrupto, a ese que pone apodos y lastima, al oportunista y ratero abusivo, al déspota que insulta, al mexicano que nadie quiere en el mundo ni en el mismo México.
Sin duda ambos mueven mucho dinero cuando son convertidos en producto, ya lo vimos en los últimos días y, al ponerlos en la cancha, se darían un tiro en el que nadie podría pronosticar quién ganaría. El pato Merlín anotaría los goles por el aire volando, mientras la perrita de Trump por tierra muy arrastrados. El jaguar Zayu sería el aguador de ambos contrincantes, la presidenta vería el partido a nivel cancha, como debe ser en un político que sabe las exigencias de su puesto, y el himno nacional sería cantado por Los Ángeles Azules, que gusta a todas las facciones y a nadie agrede. Sólo pido al cielo que no pongan a Julieta Venegas con su canción reciente, en el medio tiempo.
¿Qué haría la fanaticada? La perrita de Trump sería abucheada todo el partido mientras el pato Merlín vitoreado, cuando menos hasta el momento de fallar un gol, caso en que lo compararían más con una gallina o con un zopilote. El mexicano no puede ser solidario hasta el final, si se siente decepcionado da la espalda, ¿se acuerdan del “Hugo tarugo”? es la constante y lo estamos viendo en este mundial. Me pregunto ¿cuál será el índice de cambio de nacionalidad de mexicanos que abandonan, cada vez que la selección es eliminada? Busqué datos pero el INEGI no tiene respuesta.
Seguramente las empresas internacionales harían lo que siempre hacen: mucho dinero a costa de nosotros, los mexicanos, televisando el partido, vendiendo playeras ad-hoc para cada facción, comprando el resultado para hacerlo políticamente redituable y deje fortunas en los centros de apuestas, y enajenándonos otro rato más para seguir fracturándonos por dentro.
Me imagino que la mayoría se irá por el pato Merlín, claro, representa aquello por lo que nos dan palmadas en la espalda los extranjeros que tanto veneramos, aunque calladamente nos gustaría que gane la perrita de Trump pues representa ese ideal de vida: dinero, poder e impunidad. Yo, sin ponerlo en tela de juicio, le iría a quien le fuera mi mujer, pues no se trata de armar problemas donde no los hay, si no de pasar un rato agradable viéndolos desplumarse entre ellos.
Ahora, regresando al punto de origen, ¿quién pasará a la historia más exitosamente? Primero hay que reconocer que ninguno igualará jamás a la Chíquitibum, mascota indiscutible del mundial de 1986, que combinaba todas las características de los dos actuales contrincantes. Además la sociedad ya no está para símbolos patriarcales de güeras bebiendo chelas, coquetas, con hombro desnudo y apuntando al frente. Estimados lectores, el verdadero símbolo del mundial será uno de los dos y nos representará en lo que queda del siglo XXI, pensemos bien de cuál vamos a hablar en el futuro, ya que nuestros nietos serán los jueces de nuestros atinos y desatinos, y no van a ser clementes. ¿Queremos que vean cómo nos hicimos patos o, mejor, cómo nos pusimos perritas?



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