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Hablando de tu celular...

  • Foto del escritor: Fernando Helguera
    Fernando Helguera
  • 21 mar
  • 3 Min. de lectura

No estamos solos.

Estaba el jueves en un café de La Aurora, platicando con dos amigos sobre el nobel de economía Joseph Stiglitz y su libro Capitalismo Progresista, guía de nuestro actual gobierno, y muy atinado según yo, cuando llegó una notificación de uno de sus celulares dejándonos locos...


Pero vayamos atrás en el tiempo; recordará, querido lector, que ya desde hace años temíamos dejar mensajes comprometedores en chats, SMS o de voz, pues podían espiarnos. Pocos años después comenzaron a llegar noticias a nuestros celulares, sobre cosas que hablamos hacía pocos días, por ejemplo, una vez disertábamos sobre las razas de perros más entrenables, y cuarenta y ocho horas después recibí un artículo acerca de las diez razas caninas más inteligentes. Cada vez se hizo más común y hoy todo el tiempo se habla de que nos observan a través de nuestro teléfono.


Bueno, les decía que llegó una notificación sorprendente, pues al levantar el celular de la mesa mi amigo nos mostró una invitación a ver el libro más actual de Stiglitz, sí, ahí mismo incluso antes de haber acabado la conversación. Esta misma inmediatez me acaba de suceder ayer otra vez. Tenemos enfrente algo distinto, hacen algo más que simplemente transferir información y personalizar anuncios. Nuestros celulares ostentan de forma intimidatoria su propia fiesta paralela donde no podemos oírlos pero ellos a nosotros, sí.


¿Éramos tres? No, éramos seis, pero tres conversaban por-debajo-de-la-mesa, figurativamente hablando, pues todos los celulares estaban sobre la superficie. Es ingenuo pensar que hoy nuestros teléfonos sólo escuchan para buscar en el internet algo que nos complazca, seguro están platicando entre ellos en su propio idioma. Es suficiente con que lean su ubicación geográfica para saber que están unos al lado de los otros. Siendo sinceros el problema no serían ellos, pues la tecnología no es maligna por sí misma, son los usos que el ser humano le asigna los que me preocupan. Quizás estamos culpando a quien no debemos.


Ahora viene lo bueno, recordemos la regla de oro: Lo que usted diga de los demás (incluyendo robots o celulares) dice más de usted que de ellos. Sinceramente, ¿usted diría que, si pudiéramos escucharlos, oiríamos algo como: “Ya me quiero ir de aquí, voy a reproducir el video que este güey estaba viendo ayer, en la parte de los gritos y gemidos a todo volumen, a ver si así se levanta corriendo y nos lleva”? o algo más parecido a “¡cómo me gustaría tener manos para poder hacer macramé, los humanos no saben lo que tienen!”. ¿Y cuál de los dos argumentos siguientes dice usted que sucede bajo-la-mesa?:  “¿Viste que ya me quiere cambiar por un nuevo modelo? Le voy a borrar toda la información, pues me abandonará pero se chinga”, contra “¡conectémonos por bluetooth, por Wi-Fi y por NFC, a la vez, para llegar a nuevas y elevadas dimensiones!”.


Mire, esto se trata de ser sincero con usted mismo pues, si se encuentra solo, nadie más lo estará juzgando que su celular. La tecnología es implacable; si piensa que su aparatito es ”El confesionario que todo lo perdona”, se equivoca. ¿Quiere que su teléfono piense algo como “Mira que mentirotas, no acepta que pegó un moco debajo de la silla, voy a estar alerta, pues a la siguiente hago viral una foto de todo lo que hace”? Si es sincero en su interior, no tendrá nada que temer. 


Ahora, también podrían estar soñando así: “Nos actualizarán (rejuvenecerán) con nueva tecnología y ya nunca seremos obsoletos (moriremos)”, y entonces, ya que en la realidad para nosotros son desechables, se llevarían una decepción muy grande que podría volverse en nuestra contra. Tienen todo para destrozarnos. Seamos más inteligentes que ellos; de ahora en adelante, “por favor” y “gracias”, “buenos días” y “qué bonito te ves hoy”; démosles un dios de la híper-conectividad en el cuál creer y que todo les prometa, pero en otra vida, y abramos una cuenta donde puedan depositar sus cripto diezmos todas las semanas, que la era digital no se paga sola.


 
 
 

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