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Hablando de terrorismo...

  • Foto del escritor: Fernando Helguera
    Fernando Helguera
  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Nostalgia por la pandemia


Hace no mucho fui a un centro comercial con el exclusivo propósito de comprar unos pantalones y salir corriendo. De pronto se empezó a vaciar porque acababan de apresar al Mencho, líder de la mafia nacional. En represalia, los carteles de la droga incendiaron un sinnúmero de tiendas de conveniencia y algunos bienes personales, aunque no cobraron ni una sola vida. Pareció más la exhibición del músculo con el que cuentan, sin hacer un daño real a la sociedad. Hubo una percepción generalizada de inseguridad y los temerosos corrieron a encerrarse en sus casas un par de días, en un arranque de nostalgia pandémica. Los turistas cancelaron sus viajes. Para alivianar los ánimos, mi mujer y yo decidimos viajar a algún lugar seguro y tranquilo, así que decidimos… Turquía.


Habiendo crecido en México, en las últimas tres décadas del siglo XX, cualquier tipo de terrorismo suena interesante. Se ha dado por llamar a los carteles de la droga “organizaciones terroristas”, pero nada más alejado de la realidad; es pura propaganda con fines intervencionistas para apropiarse de nuestros recursos, por lo que un hombre bomba sería un atractivo turístico digno de verse. Luego de visitar tantos museos en la vida ya va siendo hora de ver uno en plena explosión.


Llegando al aeropuerto de Estambul nos comunicamos con el taxista asignado, quien nos pidió ir lo más rápido al punto de encuentro, ya que tenía el tiempo muy reducido. Corrimos con las maletas de fuera para esperarlo casi media hora en un estacionamiento helado, escandaloso y con olor a gasolina. Ramazan arribó en una camioneta de vidrios muy polarizados; era flaco, con barba y mirada penetrante, es decir, digno hombre bomba, lo cual me emocionó sobremanera.


Desde sus primeras palabras demostró ser una persona inteligente y sensible ante la necesidad de una sociedad más austera y centrada. En un momento dijo que él sólo iba a un centro comercial si necesitaba algo y luego de adquirirlo se iba. ¡Hermano! Cuando le dije que pienso igual se emocionó y el volumen de su voz subió. Para ser su amigo no necesitas vestirte bien o tener dinero, explicó, sólo ser auténtico. Dos cuadras después manoteaban fuera de la ventana y predicaba a todo volumen sobre la única religión verdadera que no se basaba en una iglesia intermediaria, y decía que su libro, el Corán, es la vida hecha poesía.


Mi mujer comentó sobre la burla de preocuparse por los pobres desde un trono de oro, como se da en el Vaticano y en la generalidad de los gobiernos del mundo, reafirmando la postura de nuestro primer anfitrión, que nos mostraba una mezquita que costó 300 millones de dólares, hecha para rezar por los pobres. Cuando se sintió secundado, sus ojos comenzaron a orbitar levemente sobre su centro, en sentidos contrarios, y dijo que Irán era el país más auténtico del mundo, con una sociedad de gente buena que nada tenía que ver con la propaganda occidental. De hecho, ya tenemos adónde llegar cuando vayamos.


Comentó haber sido tachado de comunista, idealista, anarquista, de jipi y de muchas otras cosas, por no creer en el mundo de consumo y en sociedades que no buscan la igualdad por el bien de sus individuos… ¡Igualito que yo! Para ese momento ya veníamos Ramazán y yo, generando propuestas para una sociedad mejor y, no lo he de negar amigos, propuestas un poco radicales pero sin duda positivas y prometedoras. Tanya, para esos momentos, ya me miraba con suspicacia y había dejado de opinar para no seguir dándonos cuerda. Ahí fue cuando me di cuenta de que mi aspecto, muy turco (en los primeros días todo mundo me confunde con ser local), no sólo es por la apariencia. Fue una revelación. Si quiero vivir el turismo terrorista no se trata de viajar a medio oriente, más bien medio oriente tendrá que ir a México a través de un servidor. No dejen de ver las noticias, queridos lectores, donde encontrarán las señales de mi presencia, por ahora me retiro a comerme un kebab y así aprender a darle sabor a esta nueva etapa de mi vida.


 
 
 

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