Hablando de callarse la boca.

Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas.

Hay días en que uno quisiera, como decía Mafalda, tener la habilidad de cerrar los oídos. Es tan patente e impresionante la capacidad humana para decir idioteces, que no entiendo a quienes desean que los perros hablen. Por más sabios que sean en comparación a nosotros, no me dan ganas de escuchar lo que tienen que decir con respecto a las porquerías que se comen del piso o a la fijación por perseguir una rama o una pelota. Ahora, ¿cuántas veces nos ha pasado que estamos esperando a que alguien nos conteste, o que nuestra pareja nos diga porqué lleva dos días sin hablarnos, y lo primero que escuchamos es algo que no era necesario, o no entendemos, o nos ofende, o no queríamos oír? No cabe duda, la palabra está sobrevalorada.
Por si fuera poco, ¡la gente que quiere hablar con los muertos! Finalmente se libraron de la obligación de hablar con nosotros, pero no estamos dispuestos a dejarlos en paz. ¿Acaso no recordamos todas esas veces que lo único que queríamos era que se callaran estando en vida? Peor aún, confiamos en que lo que nos digan será algo que valga la pena, pero ¿nada más porque están muertos? ¿existe una sabiduría del petatearse? Si me dieran la oportunidad de hablar con mi perro o con un ser que ya murió, aprovecharía mi oportunidad para quedarme callado.
Ahora, hay silencios que se hicieron para tragarse sin masticar pues queman la lengua, y con la sorpresa de que también queman la garganta al pasarlos. Cuando esta experiencia es demasiado traumática, afloran palabras agresivas, hirientes, sin sentido, aunque puedan ser de retórica impecable. Seguro todos nosotros recordaremos a varios políticos que hablan desde el silencio, desde su característica cabeza hueca, no desde un lugar donde haya algo importante que decir. Esto es parte de un mecanismo perfectamente orquestado para generar ruido y, al poner en nuestras cabezas sus enojos y carencias, nos contagian y empezamos a hablar desde el silencio también.
Tenemos silencios de carácter operativo, como el del famosísimo mátalas-callando, para conquistar a las mujeres. El del que-calla-otorga y da la razón, ganando así la discusión, haciendo que el otro sienta que tiene la verdad. ¿Y el silencio de los inocentes? En el que todo se calla para fingir demencia y no acabar crucificado por causas de terceros. El silencio cortés que se usa para no contradecir a otros con algo que les moleste, nos evita enemigos. El silencio legal nos evita decir algo que sea usado en nuestra contra, así como el silencio sepulcral es lapidario: no acepta réplicas.
Freud se apropió una frase popular que dice “Eres dueño de lo que callas y esclavo de lo que dices”, si todos lo hemos experimentado, ¿por qué seguimos abriendo la bocota? Un proverbio sufí dice “si lo que vas a decir no es más bello que el silencio, no lo digas”. Nuestra arrogancia nos hace creer que la palabra es uno de los elementos fundamentales que nos plantan como la especie más evolucionada del planeta, cuando la verdad es que la usamos para decir mentiras sobre lo maravillosos que somos, para agredir al otro porque no soportamos que nos demuestre que estamos equivocados o que estamos viviendo bajo paradigmas erróneos, para dañar la reputación de quienes son superiores a nosotros, para vengarnos, para manipular, etc.
Para colmo, estamos en una época en la que toda opinión debe ser respetada, según esto, lo cual me parece que raya en la máxima estupidez humana. Hay que respetar el derecho de las personas a expresar sus opiniones, totalmente, pero hay opiniones que no son respetables ya que son mentira, son absurdas, son malignas, son desinformadas, son viscerales o, en el mejor de los casos, son pura basura. Por otro lado tenemos la consigna de autocensurarnos si se trata de “hablar de política”, o sufriremos las consecuencias. “Ni religión, ni política, ni futbol” es el dicho recurrente de quienes no pueden expresarse sin pelear al ver confrontados sus argumentos. La mente dogmática (que le va a una religión, a un equipo o a un partido) es la menos evolucionada de todas, pues niega la validez de la existencia del resto del mundo aunque lo tenga enfrente. De política es de lo que todos deberíamos hablar y aprender a hacerlo sanamente, ya que es acerca de las decisiones que nos afectan como sociedad. Habiendo tanto que callar ¿para qué asustar al silencio?



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