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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DISCRIMINATORIO

La víctima victimaria y el criminal discriminado.

Hoy un tema de moda es la discriminación. La discriminación es no sólo una moneda de dos caras, donde una la ocupan quienes se sienten discriminados y la otra los discriminadores, sino también es valiosa moneda de cambio. Una serie de personas, que podrían estar o no en previo acuerdo, negocian con los sentimientos de los ciudadanos en cuanto a sentirse o no discriminados (invisibilizados se dice hoy, también). Imagine una escena de esas que pasan todos los días:


Una mujer va caminando y se topa con un criminal que le apunta con una pistola y le pide amablemente que le entregue todas sus pertenencias, y que no quiere hacerle daño. Ella lo mira con intolerancia y le dice que sólo un idiota pensaría que ella va por la vida con todas sus pertenencias, pues desde lejos se ve que ella es pudiente y tiene muchas, tantas que él no podrá ver en toda su vida ni una décima parte. Él, un poco ofendido le dice que se refiere a las que lleva consigo únicamente, y que se apure o va a tener qué dispararle y tomarlas el mismo. Ella se exaspera y le dice que ni lo piense, que ese es el pretexto para toquetearle las pertenencias ¿pues acaso cree que nació ayer? El criminal, ya notablemente exaltado, le dice que sólo le interesan las cosas de valor y que es evidente que las pertenencias de las que ella habla, hace mucho tiempo que lo perdieron. Ella ve pasar a un policía y aprovecha para llamarle.


El oficial se acerca mientras el criminal oculta el arma con fastidio. La mujer le dice al policía que el señor ahí presente la está discriminando y le acaba de decir anciana, y además la agredió por su aspecto físico. El hombre replica diciendo que ella no lo ha dejado de maltratar pues dice ser de mejor clase, y que él es poco menos que un pelagatos. Ella contesta que el hombre quiso abusar de ella y él revira con que, por el contrario, lo que quería era irse ya de la presencia de esa mujer grosera y despectiva. El policía debe decidir a quién detiene por discriminar. ¿Usted a quién se llevaría? ¡Al criminal discriminatorio incriminado? ¿A la señora víctima victimaria supuestamente victoriosa?


A ver, me dicen por aquí que esta situación pasa a nadie comúnmente… vaya, pues qué vida aburrida la suya, queridos lectores. Lo digo sin afán de ofender, por supuesto, pero consíganse buenas historias para contarles a sus nietos. ¿Así cómo no se van a ofender fácilmente?


Regresando al tema, se ha vuelto más importante cómo nos dirigimos a los demás, que lo que les hagamos. Hoy tiene mucho peso el dicho “no es que me digas perro, sino la perra forma en la que me lo dices”. No puede uno usar el masculino como genérico, porque una multitud de la clase media se ofende. De la misma forma un profesor ya no puede reprobar a un alumno que no sabe nada, porque los padres del educando conseguirán que pierda su licencia profesional. La nueva censura es la corrección política, y todas las personas se han vuelto censores.


La cuestión aquí es la siguiente: los más populares en los medios masivos de comunicación, suelen ser gente discriminadora al máximo. Parece que la gente de a pie somos discriminadores de closet y discriminados manifiestos, y por eso vemos en esa gente un ejemplo a seguir. Cantantes que maltratan a sus fans y aun así son cada vez más populares. Líderes políticos que discriminan a la oposición y tienen multitudes de partidarios. Deportistas que maltratan a la prensa que los hace famosos, son idolatrados. Chicas que tienen el cráneo vacío y el físico perfecto, que son clasistas y racistas, y tienen millones de seguidores, de esos grupos que denostan.


He llegado a una conclusión: si quiero que las Obviedades Ignoradas lleguen lejos, estoy obligado a comportarme como un idiota. No sé si eso quiero, así que van a tener que darme un tiempo para pensarlo y mientras seguir leyendo las Obviedades como son. Quizás la conclusión sea que es irrelevante mi comportamiento y ustedes seguirán aquí gracias a su inteligencia y no a su estupidez. Por ahora me despido con corrección política, asegurando mi continuidad.

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