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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DE TURISMO ELECTORAL

México Mágico.

He recibido muchos comentarios del último artículo que escribí, titulado “La parca en la casilla”, los cuales agradezco por el tiempo dedicado, pero sobre todo porque me abrieron ese nuevo panorama indispensable en estas épocas tan sui géneris, en las que hay que encontrar el sustento de maneras muy variadas e innovadoras. Al pueblo, pan y circo.


Es momento de retomar los viajes, que se vieron tan afectados durante las épocas de pandemia, como si la crisis económica no les hubiera hecho daño suficiente. Recientemente el semáforo verde se generalizó y no creo que sea coincidencia que suceda en tiempos de elecciones. Aprovechemos la coyuntura, y es que cuando hablo de retomar los viajes no me refiero a salir de nuestro lugar de residencia, sino a traer viajeros desde fuera.


La propuesta es que generemos una gran derrama económica gracias a un nicho de mercado que nadie ha explotado en la industria de los viajes: El turismo electoral. México tiene muchas singularidades para ofrecer a los extranjeros, pero ¿qué son las pirámides de Teotihuacán, los cenotes mayas, los bosques llenos de mariposas monarcas, las fiestas de día de muertos, o las playas del pacífico, al lado de los procesos electorales que nos caracterizan? Poca cosa.


Los misterios de la tumba de Pakal se quedan cortos con respecto a los misterios de las urnas utilizadas durante las elecciones, donde los votos cambian de partido sin posible explicación científica. La idea de acaparar a este tipo de turismo me pareció tan productiva que ya hice mi tarea e identifiqué los principales atractivos, así como las posibilidades de interacción de los turistas con estos procesos, que no deben de perder la debida seriedad y confidencialidad.


1) Al principio de la jornada, el turista recibirá un desayuno, dentro de un ambiente amigable con representantes de los 182 partidos registrados, conformado por tamales y atole.


2) Habiéndose abierto las puertas a los votantes, el turista pasará a una casilla y simulará que está votando, maravillándose de cómo el plumón que le fue entregado para marcar la boleta cuenta con tinta que se borra de todos los partidos que marque, a excepción del que se encuentra en el recuadro que tiene una textura ligeramente diferente.


3) Podrá el turista ver la magia genética del mexicano, manifestada en las credenciales de elector, donde las fotografías muestran a personas idénticas y con la misma ropa, cuando menos en cuatro de ellas, con diferentes nombres y direcciones.


4) El visitante será testigo de la riqueza de adjetivos con que cuenta el español mexicano, cuando se hayan terminado las boletas, junto con la buena disposición de los representantes de los partidos. Presenciará el calor de las tradiciones cuando los votantes, desesperados, se sumen a los botellazos.


5) Hacia el cierre de la casilla el viajero disfrutará el alargamiento exponencial, de la cola de votantes que van llegando de último momento. Se incluye un recorrido por la fila para escuchar la lista de artículos que fueron regalados por los partidos, y así obtener el favor de los votantes.


6) Por último, con el estómago vacío (apto para mayores descargas de adrenalina) y ya de madrugada, pues la cola de los rezagados no era infinita pero sí enorme, el turista vivirá en carne propia la emoción de ver entrar a un comando armado que robará las urnas llenas, echando tiros al aire. Con suerte podrá apreciar la gran variedad de aves exóticas cayendo muertas por los balazos.


Dado que el tiempo apremia para traer a los turistas, habré de correr a organizar todos los servicios o acabaré perdiendo la oportunidad. El lector sabrá apreciar la novedad de este mercado y quizás se anime a invertir con nosotros, recursos que le traigan jugosos réditos en poco tiempo. De ser el caso, no deje de comunicarse inmediatamente al correo al pie de página, ya que “trenes” como este pasan una sola vez en la vida. Ya ni el tren maya, aunque a algunos esto les duela.

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