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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DE PREFERENCIA SEXUAL

¿Tus deseos sexuales te definen como radical?


Mi querido amigo Poncho me platicó en la mañana, a propósito de las pláticas que uno oye de los comensales vecinos en las quesadillas (léase UN ASUNTO DE INFLUENCIAS), que en la semana se encontró a dos amigas que desayunaban en la otra mesa, con el pequeño de una de ellas, que habrá tenido unos 7. Era ocho de marzo y estaban por irse a la marcha feminista, cuando el niño dijo “Mamita, nosotros vamos a ir a la marcha feminista pero no somos de los que pegan, queman, o pintan paredes porque no somos radicales ¿verdad?” a lo que la madre con cara de sorpresa y cierto tono de paciencia impaciente, contestó “Pero si somos lesbianas mijito ¡Claro que somos radicales!”


No supe si reír, ir a buscar un diccionario, cuestionar la salud mental de la madre en cuestión, o preguntar cómo estaba la familia de mi amigo, así que decidí contárselo a quien más confianza le tengo, es decir, a ustedes. Mi confusión fue directo a la boca del estómago, pero estas letras resultaron medicina color de rosa para mí. Me di cuenta que la confusión no es nadamás mía, así que obtuve el consuelo de los tontos. Ya a estas alturas no aspiro a más.


Les platico mis reflexiones: para empezar, el asumir una preferencia sexual como equivalente de una postura ideológica, social o incluso política, no me parece tan divertido como asumir una preferencia social como principio de una postura sexual. “Al lugar que fueres, haz lo que vieres”. Si nos guiamos por el primer orden de los elementos de la premisa, vamos directo a la guerra, pero si preferimos el segundo orden, todo es amor y sabrosura.


Para continuar me quedó la inquietud de por qué la mamá decidió que su pequeño hijo también era “lesbiana”. Si el movimiento feminista pregona la inclusión, aquí no se notaba, pues incluir al niño en el grupo de lesbianas (y por lo tanto radicales, según ella), y no incluir su punto de vista como varón e infante que tiende a la paz, no es inclusivo, es opresivo. Pero no se espanten, que no le voy a quitar lo dominguero a este texto para adentrarme en discusiones infructuosas sobre ideologías. Seguiré con mis reflexiones personales.


En tercer lugar, me vino a la mente la preocupación de que la gente elija a sus políticos por afinidad sexual. Si la diputada es trans, la comunidad trans en su mayoría le otorgará su confianza. Si la candidata a senadora es lesbiana, pues las lesbianas la favorecerán… y lo anterior está comprobado, por eso también los partidos políticos han decidido en casos utilizar la preferencia sexual de sus candidatos, como moneda de cambio. Seamos sinceros, votar desde este paradigma es un despropósito. ¿No vieron a hombres blancos, heterosexuales, abusar de todos sus iguales que votaron por ellos? ¿O a políticos de origen indígena oprimir a sus propias comunidades? No acabo de entender que estén seguros (as) (es) (@s) (xs) (etcs), de que una lesbiana no sería capaz de transar a otras lesbianas, nomás por su preferencia sexual. La obligación de cerrar filas entre ellas, es totalmente irrelevante frente la universal avaricia humana, y su ambición por el poder.


En cuarto orden, pensé en mi familia y amigos que gozan de sus preferencias sexuales tanto como yo gozo la mía, y me llené de júbilo por la aceptación que existe entre casi todos. Si alguno sería feliz encamándose al presidente, pero a otra le resulta la mejor opción el más canallín, mientras otros piensan defender la integridad de los monumentos que sus hermanos quieren adornar con pintas, al tiempo que el parrillero hace los mejores cortes del sistema capitalista, pero los va a dejar en término rojo... Entre nosotros no pasa nada porque nos queremos y nos respetamos.


Habiendo descargado en esta página mis inquietudes, puedo asegurarles que me siento menos confundido. Si ustedes deciden abstinencia, hacer una orgía, ser monógamos, poliamorosos, trans, tecno-punk-gutiérrez, perros, gatos, o pretenderse humanos, son bienvenidos a este su blog de los domingos, donde toda obligación es irrelevante. Nomás me invitan al asado.

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