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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DE PERCEPCIÓN

Yo soy yo, tú eres tú, ¿quién es más tonto de los dos?


San Miguel de Allende, entre muchas otras virtudes, cuenta con una gran cantidad de gente guapa (El dicho “En Villa Coapa toda la gente es guapa”, me hace pensar que los coapeños dirán que no como en su barrio… asunto de percepción). Dentro de esa amplia gama de belleza, uno puede encontrar, si es afortunado y si va caminando por el centro, la muy particular de mi amiga Aure.

Resulta que el jueves a medio día la tuve que ver para que me diera dinero en efectivo, destinado a la construcción de su casa. Como tenía prisa y estacionar ahí es imposible a esas horas, quedamos que lo recogería afuera de su oficina sin bajarme del coche. Las cosas sucedieron así:

Manejaba por el bellísimo pueblo y giré a la derecha en la esquina, desde donde la pude ver a media cuadra, al tiempo que ella a mí. Me llamó con la mano izquierda a la vez que ladeaba la cadera con toda naturalidad, en el mismo sentido que extendía su brazo. Su movimiento se envolvía por un vestido rojo, estampado, ligero y ciertamente corto, muy adecuado para el calor tremendo y para el trabajo ejecutivo que desempeña en el sector inmobiliario. Mientras que me acercaba, con la alegría que acostumbra dio unos brinquitos y agitó los brazos arriba de su cabeza, lo cual hizo que algunos caminantes tuvieran que detener su marcha para contemplar y sonreír, sin tropezar.


Finalmente llegué a su lado y me entregó un sobre que no podía esconder del todo su contenido. Apenas detuve el coche unos segundos para recibirlo, y ella con sonrisa ejemplar me dijo algo así como “Aquí está tu lana mi rey, cuídala”. Me mandó un beso al aire, a manera de despedida, mientras yo le daba las gracias; seguí avanzando. Por el retrovisor vi que el conductor de atrás se había pegado mucho a mi auto, pero no arrancó por ver cómo ella se metía a su oficina, y luego volteó buscando si algo de mí veía a través del espejo. Habiendo avanzado pocos metros pasé al lado de dos hombres de mediana edad y un joven, que me veían y dijeron:

“¡Dame chamba carnal, yo me voy a trabajar contigo!” / “Ah cabrón, a qué se ha de dedicar ese wey” / “No, pues así yo quiero ser cuando sea grande”.


Creo que ninguna de las visiones de los involucrados en esta historia era igual, ya que parecían ser de la siguiente manera:


- Aure veía a uno de sus mejores amigos, ir hasta allá en el calorón, para ayudarla.

- Uno de los señores, a un hombre cuyo trabajo es recoger dinero de manos de mujeres hermosas y felices de dárselo, y que además no se da abasto y necesita un asistente.

- Otro de los señores vio a un profesionista del dinero ilícito, del que no se sabe su procedencia (del dinero, pues yo claramente procedía del poniente).

- El joven, a una chica rica y generosa que reparte dinero a los automovilistas. Ejemplar.

- El conductor de atrás, a un tipo molesto que le cortó el paso, pero con justificada razón.

- Yo, me sentí de lo más afortunado de poder vivir situaciones así.

Todo lo es la percepción. La obligación de mostrar una imagen determinada bajo la premisa de “Como te ven te tratan”, resulta irrelevante si observamos que la gente va a pensar lo que quiera, y te va a tratar de acuerdo con el pie que se haya levantado. ¿De qué sirve pelearse con el prójimo, o con el lejano, basándonos en una diferencia de percepción? Veo a los que odian al presidente con odio jarocho y a los que lo aman con amor republicano, cómo se pelean e insultan, lo defienden o le faltan al respeto, y él simplemente está viendo para cualquier otro lado, absorto en lo suyo.


Lo mismo aplica si defendemos o atacamos a uno de la gran variedad de dioses existentes, a un movimiento ideológico, a una forma de alimentarse, o al vecino. Por ejemplo, en este momento del final del escrito, lo único que podría importarme es la percepción por parte de quien lo está leyendo. ¿Quién es quién en la presente historia? Y usted ¿qué papel juega?

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