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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DE OFRENDAS

Los visitantes de ultratumba tienen adónde llegar.

Si hay algo que proviene de México y es famoso en el mundo, además de “El Chavo del Ocho”, es la fiesta de día de muertos. Los altares se miran por doquier y en ellos se muestran mimetizadas algunas de las costumbres locales que, generalmente, les dan un toque singular. Para poder apreciar estas singularidades hay que dejar en claro las condiciones generales en que se monta una ofrenda el día de muertos, cuyo objetivo es lograr que las personas queridas del otro mundo se acerquen a tomar y comer algo con nosotros. Los restauranteros tendrán algo que aprender de esto.


Un altar en forma se monta en casa y es un tema familiar. Debe haber un camino de flores de cempaxochitl desde la puerta de casa que indique a los muertos cómo llegar a él. También se monta en la tumba del difunto, pero no donde echaron sus cenizas pues quien no las echa al mar, lo hace como mi exsuegro, que pidió a la hermosa madre de mi segunda hija, que las echara en el teibol donde le gustaba ir. Una ofrenda tiene diferentes niveles que representan el paso de esta dimensión a la otra, y hay elementos básicos como veladoras, más flores, alimento, bebidas, alguno que otro vicio, calaveras de azúcar, y objetos que gusten a tan especiales visitas. Cada familia tendrá diferentes objetos que les den identidad.


Primordial es que las familias invitan al caminante a disfrutar de un chocolatito con pan de muerto, o lo que haya a disposición. Recuerdo de niño que mi madre, año tras año, nos llevaba a panteones de diferentes lugares del país. Siempre nos invitaban a platicar y me encantaba oír las historias de los muertitos que se veían en fotos, o estaban presentes en calaveras de dulce con el nombre. Se cenaba riquísimo y era alucinante la experiencia melancólica y misteriosa.


Esto cambió con los años; cada vez hay más turistas que van a echar relajo y ver altares como una exhibición de nacimientos en época decembrina. Los altares se hicieron más frecuentes en las calles, comercios, y edificios institucionales, en estaciones del metro, y en todos lados, formando en su conjunto una gran escenografía. Hemos llegado a un extremo en que esta fiesta se ofrece por medio de catrinas espectaculares (que nada tienen que ver con la tradición) y películas que hacen ver el más allá como Disneylandia. Parece que esos altares estarán vacíos en la noche de muertos, pues son sólo aparadores. No negaremos que puedan ayudar a que mucha gente tenga comida en la mesa, por lo que también tienen un noble objetivo desde cierto punto de vista.


Ahora, me parece importante saber distinguir un altar escenográfico o comercial de una ofrenda que sí va a recibir muertitos. Sobre todo, hay que identificar lo que no es ni uno ni otro, y estar prevenidos: Me encontré un anuncio de un extranjero que evidentemente no entiende nada; vende lugares en un altar para que los otros extranjeros (dudo que algún mexicano caiga en la trampa) lleven la foto de su muertito, y ahí lo “honren” (¿desde cuándo la ofrenda es para honrar a alguien?). Hay un menú de precios para que, por pocos miles de pesos, le compres un lugar a tu difunto… ¡Pero una ofrenda es para ofrecer, no para quitarle el dinero a la gente! Aguas con los mercenarios que en nombre del chamanismo, el arte y la espiritualidad, hacen cosas que no responden a ninguna de las tres.


Cuando yo esté del otro lado y me toque venir el día de muertos ¿se me va a antojar ir a tomar un tequila en el altar de las oficinas del IMSS?, ¿iré a buscar mi pan de muerto en una ofrenda del centro de Coyoacán?, ¿pasaré la noche en los altares de Liverpool o de la Cómer?


Lo bueno es que también hay altares no tradicionales de lo más bellos. Me tocó ver el de casa de uno de mis trabajadores, que habían hecho sus hijos: el hombre araña, Barney el dinosaurio, una banda de pitufos y unos monitos de ánime, invitan entusiastas a sentarse en una mesa en miniatura, a los abuelos muertos. Otros tienen mucha fuerza y evidencian crudas realidades que vivimos: vi uno totalmente rosa en memoria de las mujeres asesinadas por causa del machismo. Hay ofrendas que nos dan una expresión artística genuina y una propuesta plástica que no tiene otro interés que la manifestación del sentimiento del artista ante tal evento, y plasman el momento actual dentro del marco de la tradición.


Cuando me toque venir iré a panteones no turísticos como los que vi de niño, porque se come rico y se platica tranquilamente con gente auténtica, y porque seguro me encontraré a los lectores de las Obviedades Ignoradas.

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