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  • Fernando Helguera

UN ASUNTO DE DROGAS

Toda droga se parece a su dueño.

Hace dos días hubo un festejo de unos amigos súper buena onda, que prometía mucha diversión a través de la música, talleres didácticos, baile alrededor del fuego, tequio, y sana convivencia. Harta hermandad con la luna llena. La invitación decía ser de un evento incluyente, que invitaba a no invitar a nadie desconocido, protegiendo al grupo de las malas vibras del exterior. Se imagina uno que querían mantener pura la mala vibra proveniente de los ya bien conocidos, porque como humanos, ¿o no todos tenemos nuestro lado de buena vibra y nuestro lado de mala vibra?



Este evento sucedería en un entorno de rituales al abuelo fuego y a la luna, circo, ofrenda de muertos, “DJ’s”, danza ritual, albercada, y claramente se prohibiría el consumo de alcohol, favoreciendo el consumo de medicinas. Mientras seguía leyendo la larga invitación me dirigí al botiquín de casa para prepararme un paquete de ibuprofenos, ketorolaco, hioscina, floroglucinol, y otras drogas que me habían sobrado de tratamientos médicos. Llegué a un punto de las indicaciones que decía “Quien abandone su cuerpo deberá abandonar la sesión”; esto me dejó ver que, si no habría alcohol, las medicinas referidas eran de las que te llevan a abandonar tu cuerpo y no se venden en la farmacia. Guardé resignado mi naproxeno sódico, pero surgió en mí la pregunta:


Si en el punto anterior se decía que era una fiesta familiar y para niños también, ¿cómo estaba planteado el consumo y la consecuencia de dichas “medicinas”? Hablaba de tolerancia para las personas de la edad dorada, con capacidades diferentes, configuración alternativa y bajo efectos de la medicina. Si no queda claro, se refiere a los ancianos, discapacitados, drogadictos (ya aclaramos que no alcohólicos), y gente decidida a desechar lo que su biología pretende imponerles.


En ese momento recibí una llamada que cambió mi agenda del día siguiente (el evento era entre semana), y dejé atrás la intención de desvelarme. No me quedó más que imaginar cómo podría responder a mi pregunta, y las imágenes que vinieron a mi mente fueron más o menos así:


Vi niños echando a los de cuerpo abandonado, pues en esas condiciones ¿quién podría abandonar la sesión?, ¿o ya abandonado el cuerpo habrían, por consecuencia, abandonado la sesión? Los niños serían perfectos para la tarea pues no se hacen estas preguntas estúpidas.


Pude visualizar un sinfín de medicinas, de todos tipos, siendo ingeridas por la boca, por la nariz, entrando a los pulmones, en solución colocada vía oftálmica, inyectadas directamente al torrente sanguíneo, e incluso por medio de quemaduras en la piel. ¿Qué se irían a curar?


Imaginé gente configurada y desconfigurada, reconfigurándose alrededor del fuego en malabares multicolor, recogiendo colillas de los ausentes (se aclaraba en la invitación que cualquiera que tirara colillas “debería abandonar la sesión”), y tomando talleres de macramé psicodélico.


De pronto pensé: estamos en un estado de los más golpeados por la delincuencia organizada dedicada al medicinotráfico. La única forma verdadera y real para que desaparecieran estas organizaciones, es que la gente no se medicara. Vender drogas dentro o fuera de la legalidad, por más consciencia que exista, no acabaría con el problema del consumo de las sustancias (no importa el pretexto para consumirlas), ni de los círculos de poder nocivo a través de las adicciones de terceros. Muchos problemas e inseguridad desaparecerían si la gente no consumiéramos medicinas.


Mi fuerza de voluntad férrea me permitió regresar los diclofenacos y demás medicinas al botiquín, y no ceder al impulso de echarme unos cocteles de buró, y poner en riesgo mi junta de la mañana siguiente, encima de todo, sin haber acudido a tan prometedor evento. Quedaré en espera de la siguiente invitación a una fiesta hippie/electrónica/estilo-burningman-mex/familiar/medicinal, para no imaginar cosas y disfrutar malabareando, bailando, chapoteando y chacoteando, y, por supuesto, consumiendo unas buenas medicinas en favor del narcotráfico.

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