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¿Te consideras autodestructivo?

  • Foto del escritor: Fernando Helguera
    Fernando Helguera
  • hace 52 minutos
  • 3 min de lectura

Hasta quien menos uno se espera, resulta posesivo.


En África, en las comunidades ancestrales existe la costumbre, para cazar monos, de fijar duramente un coco a un tronco y ponerle cacahuates dentro, dejando una apertura tan grande que un mono pueda meter la mano, pero tan pequeña que no pueda sacarla al cerrar el puño con los cacahuates dentro. El mono verá a los cazadores caminando tranquilamente para apresarlo y aun así se aferrará a su posesión. No habrá nada que lo lleve a soltar lo que considera suyo, aunque la libertad, o incluso la vida, se le vaya de por medio. Resulta que los seres humanos tenemos esa misma característica. Nuestras acciones autodestructivas no necesariamente provendrían, como ya varios lo aseguraron en la historia, de un principio de auto rechazo, de baja autoestima, de calmar un dolor emocional, de remordimiento y culpa, de ansiedad, o de traumas no resueltos.

A ver, les doy una historia que podría contradecir la historia del mono, pero ustedes tendrán que tomar la decisión: En una ocasión estaba un hombre en la misma banca que yo pero en el otro extremo, disfrutando del jardín central de San Miguel y su arquitectura circundante. Se sentó en medio una mujer y le comentó que se veía realmente contento admirando los portales. El hombre le dijo que realmente se sentía en paz y liberado en ese lugar, pues acababa de salir de la cárcel el día anterior, de una condena de 25 años. Ella, alerta, guardó silencio. Él preguntó ¿quieres saber qué es lo que hice? Porque no se lo he contado a nadie. Ella preguntó un poco tímidamente ¿bueno, qué fue lo que hiciste? – Maté a mi esposa… - Ella, después de unos instantes de evaluación, con ojotes respondió: ¡Ah! ¡Entonces estás soltero!

La mujer estaba camino a la autodestrucción asistida, pero ¿qué era lo que tenía en el puño que no podría soltar para irse libre? Todos los seres humanos tenemos una relación importante con lo que es nuestro o con lo que deseamos. Incluso los más elevados seres que han existido han tenido deseos hasta el último de sus días. ¿Acaso el deseo de Buda no era alcanzar el Nirvana que, entre otras cosas, significa la ausencia de todo deseo? Claro, para llegar a esa ausencia y permanecer en ella, hay que desearlo y ahí la paradoja, muy humana. ¿Y qué tal el deseo del Dios Padre del cristianismo, que es la salvación de toda la humanidad a través de una relación de amor con Él, viviendo a su lado por toda la eternidad? Suena un poquillo posesivo, lo sé, muy humano.

Regresando al tema, la mujer claramente deseaba a ese hombre y sería cuando menos desabrido, sino naif, pensar que su deseo provenía de una baja autoestima (alguien así no necesita mucho cortejo y lucha con riesgo de no lograr el objetivo), o que lo hacía porque su papá era exconvicto (caso en el que más suena posible que ella se hubiera alejado sabiendo que no obtendría mucho). Sin duda para ella, tenía en la mano los cacahuates de la seguridad de apoderarse de ese hombre, y estaba dispuesta a formar parte en la posible lista de un asesino serial.

¿Qué tanto seguimos con personas, o en lugares, o reproduciendo situaciones que nos hacen daño y nos ponen en riesgo de perder la libertad, nuestra integridad, o incluso nuestra vida, por ser autodestructivos? Pareciera que somos más básicos que eso. Si queremos algo y ya lo estamos poseyendo en nuestra mente, no vamos a abrir la mano para soltarlo. Tenemos algo real en nuestra vida y no estamos dispuestos a dejarlo ir aún sabiendo que no nos conviene. Desde chicos nuestras posesiones, materiales o mentales, dictan cómo nos vamos relacionando con los demás.

Ahora sí viene lo bueno: como ya llegaron hasta aquí, están comprometidos a hacer un acto que los lleve a ustedes y a la humanidad a dejar atrás la auto destructividad. Tú, sí, tú… te toca dejar de fumar ahora mismo. ¡Allá atrás a la derecha! No te hagas, en este momento vas a dejar de tomar refrescos y comer industria. Hey, sí, a ti te toca ya no estar comprando para demostrar, con crédito, porque no te alcanza. A esos dos del centro, en el acto me van a dejar de estar hablando de los demás. Lo siento, pero a ti, con esos ojitos de no matar a una mosca, ¡a bajarle al trago y la fiesta! Tú, la avaricia y el azúcar, no te caen bien… Y bueno, a todos en general, les llega el mandato de compartir las Obviedades Ignoradas y así esparcir el mensaje de reconstrucción. He dicho.


 
 
 

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