Dos culturas o más.

¡Fuereño, hermano, ya eres mexicano!

En nuestro México cada día habitan más extranjeros, pues, aunque a algunos esto les duela y lo nieguen, somos el mejor país del mundo y sus alrededores. Se dan hoy en día condiciones que lo hacen singular y sería no sólo limitado, sino aburrido, pretender que es por su multiculturalidad originaria, su historia ancestral, su gastronomía, o su diversidad natural. Otras cosas desatan el remolino magnético del que difícilmente puede escapar un extranjero; incluso hay mexicanos que no pueden con él y mejor se van fuera, considerándose víctimas de los hechos. Seamos claros, la diferencia está en el mexicano, que es una cosa rara entre todas las nacionalidades. Bartra hizo una lúcida analogía del mexicano con el axolote en “La Jaula de la Melancolía”… vale el tiempo de leerlo.
Primero, mencionar un par de alegrías de mi país es lo que más quiero, las que vemos en la calle diariamente, a través de su amigable gente, siempre dispuesta a charlar e incluso a escuchar, cosa tan escasa en el mundo de hoy. ¿O qué tal la inventiva con que uno se cruza en las calles todo el tiempo? Una frase que me encanta y he visto en algún comercio “Si usted no tiene nada qué hacer, por favor no venga a hacerlo aquí”, y claro, cómo se refleja ese ingenio en soluciones prácticas del día a día, en que todo se resuelve con lo que tengamos a mano. Vemos gente riendo y bailando en la calle, siendo libres y expresivas, básicamente contentas. Eso enamora. Los extranjeros comúnmente me dicen lo felices que son de estar en este país, vivo en extremo.
Segundo, no podemos olvidar la corrupción y el crimen que hemos vivido durante décadas, en extremo también, pero aquí no voy a describir tragedias que de eso se encargan los noticieros por todo tipo de medios. Lo que sí es que, en más de una ocasión los extranjeros me han comentado que si no podría México seguir tan extremo en sus colores y bondades, pero reducir las cosas difíciles de vivir (y de morir), a lo cual respondo que es ilógico pensar así pues mientras más se aleja del centro en un lado, más se aleja del otro, así se crea el balance. La existencia en sí se sostiene en balance. Ok, le bajamos a la intensidad del lado oscuro, pero también nos volvemos grises en el lado luminoso. Para eso mejor que se vayan a vivir a países grises y civilizados, como les gusta llamarlos.
Dentro de esta pluriculturalidad y para que dimensionen, ahí va un comparativo: en Querétaro capital vive gente de 91 países, en San Miguel de Allende, con un 9.12% de la población de Querétaro, vive gente de 62. La proporción es abrumadora en cuanto a la cantidad de extranjeros per cápita con los que convivimos acá diariamente los mexicanos. Eso, sin duda, nos lleva a ser una de las ciudad donde más asociaciones civiles hay en el país, para entender: en CDMX hay 66 asociaciones civiles por cada cien mil habitantes y en San Miguel, 57. Pero también nos lleva a que las tradiciones, por ejemplo el Día de Muertos, sean de lo más prostituidas. Los extranjeros, ávidos de consumirlas, hacen lo que quieren… incluso cobrar más de 135 dólares a otros extranjeros por un espacio para poner a sus muertitos en un altar comunitario y “artístico”, haciéndolos creer que así serán parte de la tradición. No hay respeto cuando el ego y el hambre mandan.
Queridos lectores, ¿esperaban el acostumbrado sarcasmo y humor? Cuando la cosa se pone seria muchos huyen y yo pregunto, ¿ustedes de qué están hechos? Las Obviedades Ignoradas son parte de México, tienen más de 15,000 lecturas en decenas de países, nos representan un poquito aunque sea. Durante 3 temporadas he abusado de su tiempo y confianza, lo sé: lo seguiré haciendo. Las pedradas seguirán cayendo. Quien haya dicho que para tirar una piedra hay que estar libre de pecado se traía algo entre manos, ¿quién así de puro querría apedrear al prójimo?, ¿o será una estrategia de mercado? Parece que nuestra naturaleza apedreadora, al verse bajo el lente del pecado, nos acercaría a los confesionarios. No nos extrañe, en tiempos de crisis, ver puestos de piedras a bajo costo, saliendo de misa.
Lo bueno es que hoy podemos identificarnos como europeos o gringos, santos, o vendedores de condominios en ofrendas, que la ley nos protege y ay de quien diga que no es cierto. Sin duda, la pluriculturalidad seguirá siendo, como desde el inicio, el pan nuestro de cada día.



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