Hablando de resucitar...
- Fernando Helguera

- hace 2 días
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La decisión está en nosotros.

Ya está aquí la semana santa con todas sus promesas y singularidades, y nos toca hacernos algunas preguntas. La resurrección ha sido muy controvertida no sólo por ser poco creíble, sino porque hay más formas de burlar a la muerte, que resultarían más convenientes para los individuos, aunque no para ciertas instituciones. Como decía Jack el destripador, “vámonos por partes”:
Opción primera, resurrección, mediante la cual se ostenta un lugar privilegiado en la eternidad, nada más y nada menos que a la derecha de “El Padre”. Tengo una pregunta que quizás ustedes me sepan contestar… ¿Por qué las multitudes simulan el viacrucis, con harta violencia, pero nunca recrean la resurrección, con el actor elevándose a la luz celestial? El miércoles la asesora espiritual de la Casa Blanca comparó a su presidente con Jesús, imagínense nada más, ¡menos mal que no se lo echaron el viernes santo y resucitó el domingo!, mejor que muera un día cualquiera y no corramos el riesgo de que regrese. Pero además ¿quién en su sano juicio regresaría, pudiendo quedarse del otro lado a jalarle las patas impunemente a quienes le caían mal? Ahora, ¿será que Jesús resucitó de volada por ser hijo del jefe? pues la humanidad restante resucitará “El último día”.
Opción segunda, reencarnación, teniendo ésta el particular interés de que cada vez que uno regresa, experimenta una realidad diferente. Según esto uno no escoge en qué reencarna, depende más de lo que hizo en las vidas pasadas… por más que te portes impecable puedes regresar en forma de salamandra, de célula colónica, o de recaudador de impuestos. Pregúntese mejor ¿qué estaba haciendo en la vida pasada para que me tocara ser quien soy? Hay un libro (una joya) llamado “La vida y la muerte me están desgastando”, de Mo Yan. Se los dejo de tarea a ver si muy lectores.
Opción tercera, exhumación, siendo una práctica de los mayas para limpiar los huesos un lustro (o menos) después del deceso. Se ponían al día con el muertito, antes de la despedida final. Conociendo al ser humano, por muy maya que fuera, dirían cosas como “¿dónde kisines dejaste el mapa del tesoro familiar?”, o “sé que el mismo día murió la vecina Ixchel Nicté, que coincidencia, ¿me vas a decir otra vez que no está contigo?”, o algo como “oye, ¿me puedes mandar una carta para que me acepten en el intercambio al Tahuantinsuyo? mi mamá no quiere que me vaya”. En el peor de los casos, la exhumación nos haría científicos, como conejillos de indias en la UNAM.
Opción cuarta, donación de órganos, misma que parece una buena manera de vivir en muchas vidas. Ayudaríamos a otros con bienes que nos fueron regalados; que luego haya quien nos quiera cobrar la estancia en este cuerpecito, como los políticos o algunos familiares aguzados, no significa que no hayamos recibido nuestro cuerpo gratis. ¡Conviértanse en donadores de órganos!
Opción quinta, trascendencia espiritual, “el regreso a la fuente” sin relación con el plano material. Algunos dicen que el allá donde vamos es adonde, antes de venir, pactamos acuerdos con otras almas para acá hacernos todo tipo de chingaderas (perdón pero es que no hay otra palabra más atinada), y entonces tener traumas suficientes para trabajar y trascender espiritualmente. ¡Suena muy conveniente! así ya todos estamos justificados para lo que nos venga en gana hacer.
Opción seis, trascendencia digital, en la que tarde o temprano la consciencia podrá ser almacenada en un cerebro digital, sin cuerpo, y podremos vivir indefinidamente. ¿Quién no querría vivir sin enfermedades y envejecimiento? Podríamos vivir sin olores desagradables y vincularnos con otras personas por hologramas. Sin duda muchos aquí se quedarían con esta variante.
Hoy por hoy, la única vida después de la muerte que se puede comprobar como verdadera, es la trascendencia a través del legado: la llamada “inmortalidad simbólica”. Mientras haya quien hable de nosotros no acabaremos de morir. ¿A usted le importaría, distinguido seguidor de las Obviedades Ignoradas, vivir otros tres mil años aunque sea porque la gente lo sigue malhablando?


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