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  • Fernando Helguera

NUESTRA ÚNICA ESPERANZA

Actualizado: 4 de may de 2020

¿Confiamos en quienes nos rodean?



Ayer, por quinta ocasión antes del mediodía, me metí a las redes a ver quién estaba dispuesto a charlar un rato conmigo. Le di “me gusta” a todos las publicaciones que hicieron mis “amigos”, nadie; “reaccioné” ante las imágenes que subieron, nada; hice “comentarios” tratando de ser muy interesante en casos, chistoso en otros, solidario en los demás… nanai; finalmente escribí directamente en sus “chats”, ninguno.


Desesperanzado y con cierto resentimiento, cuestionándome si realmente eran mis amigos de verdad (no importa si los que me habían ignorado, obviamente lo son), me fui un rato a colgar los ojos de la ventana.


Todos estamos en confinamiento según me han hecho creer, o encarcelados por rebeldía según los alcaldes de los diferentes municipios del país. Ocurriendo la segunda opción entendería que no me hicieran caso, pero, ¿cuántos de mis amigos estarían en la cárcel en ese momento? Muy pocos si no es que ninguno… la esperanza de nuestros padres, de que acabando la adolescencia nadie hubiera terminado más en los separos por cuarenta y ocho horas (cuando menos), se hizo realidad. Hoy mis amigos jamás arriesgarían tanto por tan poco.


En la calle pocas personas, que se presume cumplen funciones socialmente indispensables, llevaban actitud poco esperanzadora. Rememoré los sucesos de las últimas seis semanas en los pocos lugares que he podido visitar, y cómo todos se relacionan con lo que podríamos (o no) esperar de nosotros mismos y/o de los demás. Unos pocos ejemplos sirven para expresar lo que sentí:


- Antier en el súper mientras pagaba, volteé hacia el pasillo de salida donde hoy pasamos de uno a uno, y pude ver que cajeras, personal de intendencia y administrativos, flanqueaban ambos lados, con rostro ávido, en líneas perfectas logradas por su equidistancia. De la caja siguiente a la mía salió con su compra una enfermera de indumentaria perfecta, y a su paso todos aplaudían y la vitoreaban. En la caja anterior, a tan sólo un metro y medio de mí, había dos señoras bien que mientras la miraban hablaban… “¿Viste a esa? Qué irresponsable venir vestida con su ropa de trabajo toda infectadota, y nosotros aquí arriesgando la vida por llevar el alimento a casa. / Tienes razón amigui, pero mírala cómo camina, como modelo, altanera, no dudes que nomás se vistió así para venir a ser la sensación”. ¿Acaso no es el personal de salud, nuestra esperanza?


- Hace una semana por el exceso de escasez de trabajo debido a la contingencia, fui a dos de los bancos españoles que nos gobiernan, con la esperanza de apuntarme en su programa COVID19. En el primero se me aclaró que, de tomarlo, pagaría todo junto en 4 meses, y las compras que hiciera en ese lapso se irían a 36 meses con la módica taza de 27% anual. En el segundo banco congelarían mi tarjeta y pagaría con sus debidos intereses acumulados (39% anual), en los mismos 4 meses. Casi rompo en llanto por su generosidad; me fui sin su ayuda antes de hacer el papelón en plena sucursal.


- Viendo las entrevistas de diferentes gobernantes municipales y estatales, pude observar que perdieron la esperanza en su pueblo, al grado de decir cosas parecidas a “Dios me eligió para gobernarlos, y aunque sean pendejos, los sacaré de esta”, o “No crean que no tendremos mano dura, los multaremos y apresaremos por estar en la calle; son estúpidos si no ven el riesgo en que nos ponen a los ciudadanos que sí pensamos”. Todos aprovechando para ser el héroe del momento, antes de las siguientes elecciones, eso sí, oponiéndose al plan federal e incluso a la constitución.


Después de recordar estos y otros ejemplos que sobra mencionar, regresé mis ojos a su lugar de origen, la pantalla de la computadora: NADIE. Para pasar el rato me puse a buscar nombres de niña para mi primera nieta (mis hijas son adolescentes, pero que el futuro no me agarre desprevenido). Esperanza fue la primera sugerencia. Entendí el mensaje y me fui a la cama. Dormí desde las 13:30 hrs. hasta el día siguiente, sabiendo que así se llamaría y sería mi única Esperanza.

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